Nosotros Mismos

La luna se cierne sobre la ciudad, impregnándolo todo de misterio y alegrías en personas truculentas; personas cuya máscara desaparece al anochecer, envolviéndose en su sombra sempiterna que todo aclara.

Ahora que es de noche ya saben qué hacer,  ya saben que no son viles ni aterradores, al menos a ojos de la luna, indiferente ante el sol pero gran amadora de lo incomprendido y el miedo que ello desprende. La luna les ayuda, les guía, les ofrece la mano y un lugar donde vivir.

Ellos, desconfiados, reticentes a culpa del sol y sus máscaras, preguntan antes de consagrarse a ella:

—Oh Luna, sucias máscaras circulan por la ciudad alegres y joviales, indiferentes de toda culpa, ¿cómo sabemos que tú no eres más que otra nebulosa máscara ambigua y dulce?

—Entiendo vuestra pregunta, acostumbrados a vivir con ella, a vivir con ellos y sus preguntas con respuestas efímeras y contingentes; empero, al igual que vosotros, yo fui persona una vez, y como tal, habitaba junto a mi careta en ella, disfrutando de esa definición tan superficial de vida que tenéis. Mas un día, me desperté solo en la cama, sin ella, sin la máscara; me di cuenta de lo perecedero que es aquella eternidad alumbrada por el sol y los objetos brillantes. Pero yo quería una eternidad eterna, pura y sincera.

Y esa eternidad se encuentra en la nada, allí los objetos no brillan, pues sin luz material no pueden hacerlo.

—¿Y cómo es que tu brillas?

—Porque aquí brilla lo realmente verdadero: los sentimientos. Aquí brillamos todos aquellos que expresamos con sinceridad absoluta todo lo que sentimos, con la mente abierta y con la perspectiva que nos da cada una de vuestras compañeras, las estrellas. Ellas fueron las que me guiaron hasta aquí.

Ay las estrellas, camino ordenado de sensaciones caóticas, impregnadas de preguntas distintas para aquél que lo reconozca.

— ¿Reconocer el qué?

—Reconocer que tú no eres una persona, sino tú mismo y como tal, deberás hablar con tu máscara, reconociendo su existencia, para así luego ambos desaparecer. Siendo todo aquellos que sois y nada de lo que avergonzarse.

Fue entonces cuando, aquellas personas— perdón, ellos mismos—, se consagraron a ella, realizándose una simbiosis de lo perfecto con ellos mismos y sus imperfecciones, volviendo a confiar en ellos mismos y en todo lo merecido.

Anuncios

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. un agrado ver cada presentación, muy pero muy bien desarrollado… gracias

    Le gusta a 2 personas

    1. Me alegra que te haya gustado :).
      Gracias a ti por leerlo y tú opinión!
      Saludos

      Le gusta a 1 persona

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s