Lo Intenté.

-Debería quitarme los calcetines- Dijo mientras intentaba pensar en algo.

-Igual los necesitas luego- Respondió.

Al día siguiente encontraron a una mujer en una nevera de carnicería tiritando, taciturna, ojiplática. No respondía a ninguna de las cuestiones que los agentes le preguntaban; todo su cuerpo- incluyendo los párpados-, se encontraba inmóvil.

No entendía cómo había llegado hasta allí, eran días festivos y el dueño y único portador de la llave del local estaba disfrutando de las vacaciones con su familia a varios kilómetros de aquí.

No comprendía nada, ¿Qué hacía allí tirada, con una manta que le arropaba todo su cuerpo? Excepto sus pies, oh sus pies, no me había fijado hasta ahora pero seguramente no deberían tener ese color análogo al alquitrán.

Afortunadamente, su corazón todavía latía.

De repente se dio cuenta de que los ojos del agente observaban atentamente sus pies con desolación y asombro; acercándose a su oreja, le susurro:- No deberías quitarte los calcetines-.

Súbitamente, el entorno se disipó; las ambulancias, la nevera, los agentes, aquella mujer, todo desapareció.

Ahora sí que estoy completamente asombrado, ¿Qué hago aquí?, me siento observado, desorientado, no entiendo absolutamente nada, ¿Me he vuelto loco?

Comencé a pellizcarme y a tirarme de los pelos, quise auto convencerme de que era una pesadilla; quería volver a mi hábitat.

Pero era real, demasiado real.

De repente susurros comenzaron a inundar mi cabeza, conseguí descifrar uno de ellos (“igual los necesitas luego”), mientras entreveía cómo alguien aparentaba abusar sexualmente de una dama con la piel muy clara- reflejaba la luz cual espejo- y delicada.

Todo era muy confuso y borroso, joder me he vuelto loco de verdad; decidí tranquilizarme e intentar pensar. Ahondé en lo más fondo de mi ser, tratando de analizar la situación.

Instantáneamente, una luz dulce se adentró en mí y entonces comprendí todo: los susurros, la situación devastadora, todo estaba claro.

Aquella mujer era la encontrada en la carnicería y yo, era parte de ella; yo era su inocencia, su felicidad simple, sus rasgos alegres, su delicadeza sincera, su luz. Pero fui desenterrada.

Ahora la oscuridad prevalece en ella; intenté hacer lo posible por volver, mas no encuentro ni un ápice de brillo y claridad en su ser, albergando ahora en su más íntimo ser la picardía, la desolación, el mal.

 

Probé a exacerbar esa alegría intrínseca que tanto le caracterizaba, evocándole recuerdos de felicidad, de sonrisas, de amabilidad, de su ser; desafortunadamente todo fue en vano, la oscuridad había alcanzado su corazón, su mentalidad cambió, perturbando su perspectiva, envileciéndola.

Hice todo lo que pude creerme, lo siento, no es mí culpa.

Me tengo que ir, ya no pinto nada aquí.

Lo intenté.

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