Retrospección Viciosa

Allí estaba, con mí más que normal ademán triste, me proponía realizar diligentemente el trabajo que la catedrática nos había mandado para mañana; en ese momento sabía que con ese humor que llevaba como bandera no iba a concentrarme una mierda, así que decidí realizar una retrospección para hallar el núcleo de mi tan entristecida alma.
Recordaba estar en el parque con mi hermana, jugando al balón y montando en los columpios, en ese momento sí que me sentía feliz, muy feliz la verdad, nada me preocupaba. Podía sentir las suaves briznas de hierba húmeda en la espalda. De repente apareció la policía en el parque. En ese momento no estaba muy seguro de lo que ocurría, al fin y al cabo sólo tenía cinco años y mi hermana siete. Nos quedamos allí tirados en la hierba mientras una mujer se acercaba a nosotros.
-Hola chavalines, ¿Que tal os va?- Preguntó con un tono entrecortado y con apariencia amable.
La conversación duró un par de minutos. Tajantemente mi hermana mayor le dijo que nos teníamos que ir a casa ya que seguramente nuestros padres estarían esperándonos. Sin saber con certeza que había ocurrido, mi hermana que había estado hablando con la mujer algo más que yo, me cogió de la mano y empezó a correr. Yo perplejo le seguí, pero nuestra andadura no duró mucho. De repente dos hombres algo más altos y con aspecto vanidoso nos frenaron los pies. Mi hermana rompió a llorar, yo asustado y como si ese sentimiento se transpolará mí, también comencé a llorar. Nos cogieron suavemente subiéndonos a borriquitos en sus hombros. Nos llevaron a una especie de cuartel dónde con todo la humildad del mundo nos preguntaron varias cuestiones.
Una vez finalizada la ronda de preguntas, mi hermana mayor, con su singular manera de decir las cosas, me dijo:
-Tenemos que ir a buscar a mama y papa-Dijo inocentemente.
-¿Dónde están?-Pregunté aturdido por todo lo ocurrido.
-No lo sé, por eso hay que buscarles- Respondió con un aire altivo.

De repente escuché alguien llamar a la puerta.
-Vamos Aitor a cenar-Gritaba mi madrastra.
Siempre supe el porqué de mi ademán, pero nunca tuve el poder de enfrentarme a él. Día tras día recordaba ese momento pero sólo me servía para entristecerme aún más. Ese fatídico día fue el último día que vi a mi hermana y a mis padres. Nunca supuse que esa frase que me dijo mi hermana iba a ser cierta para ella, tan cierta que se escapó del centro de acogida al día siguiente, con sus siete años pero con una valentía digna de cualquier persona en su edad adulta.
Otro día más recordando este acontecimiento, otro día lúgubre más sabiendo que lo único que me separa del suicidio es encontrarte hermanita; para irnos a buscar a nuestros verdaderos padres hermanita.

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